Explota la belleza que llevas en ti misma.

La belleza no tiene edad.

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Tratamientos de belleza, nuevas tendencias… No, cariño, no. La belleza la llevas tú. No necesitas que nadie te la proporcione. Lo único que debes hacer es potenciar tus atributos naturales.

Las estilistas de Fashion Avenue, un centro de belleza integral de Madrid, que ofrece todo tipo de tratamientos para mujeres y hombres, nos dejan una curiosa reflexión: “Es importante conservar la verdadera belleza.” La belleza natural. La propia de tus características personales. Aquellas que te hacen única.

“Las personas hermosas no se distinguen por su cara, sino por su alma”- Decía Fridha Kahlo.

En la vida, las personas que nos impactan no son aquellas que quedan divinas en las fotos. Si no, las que tienen una fuerza interior que se transmite en su imagen como si fuera una energía que debe romper las barreras para poder salir.

La imagen personal tiene mucho que ver con cómo somos y cómo nos sentimos. Queremos que haya una sintonía entre nuestra manera de pensar y de sentir con nuestra imagen exterior. Esto, poco tiene que ver con tendencias y modas.

Silvia lleva semanas dándole vueltas a un cambio de imagen. Es lo que el cuerpo le pide en este momento. Ha hecho pruebas de color, de peinado, del estilo de ropa y al final ha configurado la estética que quiere llevar. Las aplicaciones digitales actuales nos permiten hacer esto y mucho más.

Recorre la ciudad buscando peluquerías que hagan posible aquello que lleva en mente. En unas le dicen que eso no se puede hacer. En otras le intentan convencer de que le vendría mejor otra cosa. Se ha cortado el pelo, se ha aplicado un tinte, ha cambiado de peinado, se ha hecho la manicura y la pedicura. Está realmente guapa, se nota que son buenos profesionales. Sin embargo, no está satisfecha con el resultado. No termina de verse. No es lo que ella quería.

“Encontrar una peluquería que te entienda es una tarea agotadora.” – me dice Silvia mientras nos tomamos un café en una terraza. – “Todas quieren llevarme a su terreno, pero soy yo quien voy a lucir mi imagen, la que se va a ver todas las mañanas en el espejo. Tampoco estoy pidiendo nada del otro mundo. Lo haría yo misma, pero no soy peluquera.”

La imagen estética es una elección personal. Los profesionales del gremio deben estar al servicio del cliente para hacer que su diseño mental se haga realidad, en la medida de las posibilidades.

La belleza como rasgo social.

El blog Filosofía para Bilingües afirma que a lo largo de la historia, los modelos de belleza han sido imposiciones de las clases sociales altas al conjunto de la sociedad. Los ricos, los poderosos, eran los mecenas de los artistas, los patrones de los modistas. Los que transmitían su estilo de vida por medio del arte y la moda para diferenciarse del pueblo llano y, al mismo tiempo, representar un referente. Aquello a lo que los demás debían aspirar. La estética como reflejo de una vida holgada, feliz, sin estrecheces, sin preocupaciones.

Un relato corto de Miguel Delibes que leí en una ocasión contaba la curiosa historia de dos mujeres. Una rica y hacendada que pasaba todas las mañanas tumbada al sol porque estar morena se había convertido en tendencia, mientras una campesina pobre llevaba la cabeza cubierta por un pañuelo porque quería tener una piel blanca que no delatara la vida tan dura que llevaba. Dos concepciones de belleza que no se encontraban. Tal vez porque la belleza es bastante subjetiva.

Aprender a aceptarse.

En diferentes épocas históricas se ha asimilado la belleza a la proporción áurea. El ideal estético que servía de modelo en las esculturas griegas. Un planteamiento basado en la simetría de los rasgos. Pero nadie somos simétricos.

En los tiempos modernos se ha intentado hacer algo parecido con las proporciones perfectas: 90-60-90. Como si el cuerpo de las mujeres fuera una botella fabricada en serie. Hay mujeres que tienen más pecho, otras más caderas, chicas que son planas, y eso no significa que no sean bellas. Lo que deben aprender es a detectar sus puntos fuertes y potenciarlos. Disimulando o apartando las miradas de aquellas partes de su figura, de las que se sienten menos orgullosas.

En este aspecto, los profesionales de la estética atesoran una gran cantidad de conocimientos acumulados que nos puede servir de orientación. Pero no lo olvides, la decisión la tienes tú en última instancia.

Por otro lado, los cuerpos van cambiando a lo largo de la vida. Es una ley natural, sucede con todos los seres vivos. No podemos esperar tener el mismo cuerpo con 50 años que cuando teníamos 20, por mucho que nos castiguemos en el gimnasio. Esto tampoco significa que debemos enterrarnos estéticamente en vida. Una mujer bella, lo es con independencia de la edad que tenga. Lo que ha de hacer es volver a analizarse. Descubrir esos puntos fuertes y débiles. No debe cambiar nada. Ha de sacarle partido a su naturaleza. Sobre todo para estar a gusto ella misma en su piel. Cuando lo consigue, logrará transmitir esa seguridad que tiene a los demás.

El exterior es una expresión del interior.

Nuestra imagen exterior es un reflejo de nuestra personalidad, de nuestras inquietudes. Una forma de comunicación no verbal mediante la cual nos presentamos a los demás. Les indicamos cómo somos o cómo queremos que nos vean.

También está ligado a nuestro estado de ánimo y al momento que emocionalmente estamos atravesando. Si nos sentimos pletóricas, recurrimos a looks más atrevidos, mientras que si estamos de bajón, adoptamos un perfil bajo. No queremos que se fijen en nosotras.

Ahora menos, pero con más frecuencia en otros tiempos, a las mujeres a determinada edad se les indicaba que debían llevar el pelo corto y vestir ropa más recatada. Es como si dejaran de ser chicas para transformarse en señoras, con todo el sentido de solemnidad que la palabra encierra.

Si tienes 40 o 50 años, no hay ley en el mundo que te impida lucir una imagen fresca y juvenil, si es lo que tu cuerpo te pide. Hay personas, que aunque cumplan años, siguen conservando un espíritu joven. Con todo lo que ello implica: diversión, inquietud, curiosidad, actividad. Igual que hay chicas de 20 años que tienen una personalidad demasiado conservadora para su edad. Lo siento, pero es así. Es natural que busquemos una concordancia entre nuestro aspecto interior y exterior. De alguna manera es lo que nos hace sentir bien.

Debemos tener en cuenta que una mujer de 50 años nunca va a presentar la misma imagen que una chica actual de 20. Se han desarrollado como personas en épocas diferentes. Tienen referencias culturales y estéticas distintas. Para algunas de nosotras es como si viviéramos siempre en los 90. Claro, han cambiado muchas cosas. Ahora está internet, los móviles, las redes sociales. Aunque nos esforcemos en comprender el reggaetón y la música urbana, nuestros puntos de referencia son otros. Ni mejores, ni peores, son distintos.

Uno de los aspectos más interesantes de la humanidad es la diversidad. Hay gente para todos los gustos. Esto hace que la vida sea más amena, si no todo sería mucho más aburrido.

La belleza y la autoestima.

Dice la revista de opinión El Día que existe una relación directa entre el aspecto físico y la autoestima. Cuando queremos emprender un proyecto o realizar una acción diferente a lo que hacemos habitualmente, cuidamos nuestro aspecto. Queremos ofrecer la mejor versión de nosotras. Esto nos da una energía y una seguridad necesaria para hacer lo que nos hemos propuesto.

En este caso, el hábito no hace al monje. No porque nos vistamos y arreglemos de manera despampanante, nos vamos a comer el mundo. Las ganas de triunfar las llevamos dentro. La imagen exterior es un reflejo de nuestra actitud. No al revés. Lo que es cierto que ambas se retroalimentan. Adoptamos una determinada imagen estética porque hemos decidido tomar acción. La seguridad que nos inspira nuestro aspecto nos da más fuerza para continuar. Funciona en todos los seres humanos, pero en el caso de las mujeres puede desencadenar un bucle que las haga imparables.

Es tal el carácter subjetivo de la belleza, que esto ha desencadenado la crisis en la industria de la cosmética. Las grandes marcas se esfuerzan, por unos, establecer unos modelos de belleza determinados y la cabeza de las mujeres va, por otro lado. A día de hoy, en nuestro país, los productos de cuidado para el cabello superan en facturación a los productos de cosmética y perfumería.

En cierto modo, las ansias de empoderamiento y emancipación de la mujer han cambiado las reglas. Ya no son las multinacionales del sector las que imponen los cánones estéticos. Si no, en cierto modo, se ven obligados a adaptarse a los gustos personales de las mujeres. Un público, que por sus características, es más difícil de dirigir que el de los hombres.

Querida amiga. Ahora, más que nunca, no te dejes dominar por la dictadura de la moda. Explora tu belleza y explota sus puntos fuertes.

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